Historia

Surge el Tenorio Mendocino a iniciativa de los Amigos de la Capa. Una pequeña Asociación de Guadalajara que, en la noche del 31 de octubre (víspera de Todos los Santos, noche de ánimas), “capaban” (imponían la capa) a los nuevos miembros y, después de una suculenta cena, entre licores y risas, recitaban versos de la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla para acompañar la sobremesa.

En 1992 alguien del grupo tuvo la feliz idea de hacer una escena en la calle, a vista y oído del que por allí pasase.

Ante la expectación creada entre los casuales espectadores y el disfrute de los espontáneos actores, se propuso prepararlo para año siguiente, de una manera más organizada y en diferentes calles y plazas de Guadalajara. Se buscaron espacios para las diferentes escenas entre los más representativos de la ciudad, en torno al centro histórico; fue entre los levantados por la familia Mendoza, donde se encontró el marco ideal. La familia Mendoza tuvo años de esplendor en la ciudad de Guadalajara, en torno al siglo XVI, mismas fechas en las que se desarrolla la historia de Don Juan Tenorio.

Y parece que aquello gustaba… ¡y gustaba mucho!. Lo que comenzó entre amigos y en escenarios casi improvisados, se convirtió en pocos años en todo un acontecimiento. El espectáculo creció gracias al empuje de los propios actores y al apoyo del ayuntamiento, que comenzó a aportar recursos y la logística necesaria para acoger a los cientos de espectadores que acudían a la convocatoria.

Con el pasar de los años se crea la Asociación Gentes de Guadalajara para la organización de este evento, que tiene lugar desde entonces, todas las noches del 31 de octubre al 1 de noviembre.

Porque nunca se buscó la excelencia interpretativa sino la celebración del mito y el rito, la distribución de los papeles continúa haciéndose entre los aficionados que cada año acuden a la cita el primer día de reencuentro.

Alrededor de 150 personas están implicadas directamente en el montaje. Estudiantes, empresarios, agricultores, políticos, maestros, abogados, contables,… estos son los actores.

Mito y Rito

Nacido el Tenorio Mendocino entre amigos, aficionados y disfrutadores, nació ya convertido en rito; y ha logrado conservar gran parte de lo espontáneo, lo amistoso, lo tradicional.

Así, desde su nacimiento en el año 92, se han creado una serie de tradiciones internas no escritas, que tienen que ver con la transmisión oral: las fechas de reunión, la distribución de escenas, el propio montaje escénico,… están más allá de las personas que integran Gentes de Guadalajara.

Algo que forma parte importante de la filosofía del Tenorio Mendocino es que no se sacrifica la belleza del entorno, edificio, portada, ni su disposición natural, para conseguir mejor visibilidad o comodidad para el espectador; se renuncia así a parte de los elementos habituales de un espectáculo teatral: los escenarios elevados, los telares, las torres de iluminación, gradas,… Esto que puede parecer poco práctico, es en realidad la esencia. El lujo.

Aún buscando obviamente facilitar el disfrute del espectáculo, se renuncia a la cantidad por la calidad. Ofreciendo el espectáculo en su entorno ideal.

La puesta en escena de este tenorio supone la recreación del personaje literario, más que por la calidad literaria del texto que nos dejó José Zorrilla, por el tipo, la idea, el mito que se ha creado en torno a él.

Personaje literario español por excelencia, prototipo masculino (en su visión más simplista), no se puede negar que se ha convertido en un “tipo” en sí; investigado, parodiado, copiado,… siempre ha sido foco de interés. El texto, dejando a parte sus ripios, es delicioso en muchas de sus partes y en él confluyen pueblo, damas y caballeros, monjas, criados, apuestas, amor, espadas, ternura, condena y perdón, vivos y muertos… más que suficiente para entender el interés que a lo largo de la historia se la ha prestado.

Esto es lo que celebra este Tenorio Mendocino.